Con el mes de marzo, parece que el mundo trae
consigo una “sorpresa” tras otra, las cuales pueden costarnos más que recuerdos
anecdóticos pasajeros y más bien devienen con sonidos de fondo similares a tambores
de guerra. A nivel nacional, Bolivia también viene sorteando una serie de
situaciones complejas y cuestionables, respecto de la gestión de gobierno que
aún cree estar en el periodo de prueba, apuntando, mayoritariamente al error.
Así, las perspectivas, en estos escenarios, no son muy alentadoras y, quizá,
nos obligan a replegarnos a los espacios locales donde el panorama podría ser
más familiar y cercano, como un refugio ante la incertidumbre.
Con este marco, una vez recuperados del carnaval
(corcova incluida), podemos retomar la seriedad que amerita a unas justas
electorales para los niveles subnacionales, donde los municipios tendrán, en
muy poco tiempo, nuevas autoridades en el ejecutivo y legislativo. Luego de
cinco años, se cierra un ciclo para evaluar el cumplimiento de propuestas
(promesas) electorales y cuestionar las que no se hayan logrado, siempre
considerando los bemoles al respecto. Así, parecería que existe una recurrencia
en esa dinámica de las diferentes gestiones municipales que solo aciertan al
logro de un mínimo funcionamiento mecánico de la cosa pública, como diría
Joaquín Sabina: “sin pena ni gloria”.
A menos de una semana de las elecciones
subnacionales, en Tupiza se cuenta con un amplio abanico de candidaturas, lo
cual nos brinda un primer elemento de análisis, justamente centrado en este
alto número de candidaturas (11 en total, 9 hombres y solo 2 mujeres; tema para
un punto y aparte). Al respecto, podríamos asumir que este fenómeno ha surgido,
y no solo en Tupiza, a raíz de la desaparición del Movimiento Al Socialismo
(MAS) del escenario político, esto debido, como ya es sabido, a la división
interna ocurrida en los últimos años y que terminó con una situación crítica de
legitimidad y apoyo popular en las elecciones pasadas, donde se tenía, por lo
menos, tres corrientes masismo (arcismo), evismo y androniquismo. Dentro de
este contexto, se abre un gran vacío de liderazgo y representatividad local por
lo que se explica la amplia emergencia de nombres, siglas y candidaturas, como
en el caso Tupiza, que no la excepción, mostrando una sugerente mixtura entre
muchas contradicciones.
Entonces, podemos ingresar en un segundo elemento
de comentario, el cual se refiere a lo que alguien nombró como los
taxipartidos. En esta ocasión, nuevamente este mecanismo de lograr una participación
en espacios electorales no queda al margen y es que, aquí convergen esas
contradicciones en varias, no todas, de las candidaturas presentes. Para ello,
es menester ineludible apelar a las ideologías políticas, o por lo menos a las
tendencias que puede tener una sigla en específica. Así, identificamos
candidaturas totalmente opuestas a la sigla que les acoge y peor aun de la cual
desconocen su sentido y horizonte político; porque aquí lo que interesa es
candidatear a como dé lugar, al estilo de El Príncipe y su “el fin justifica
los medios”. Con este punto de partida, enmarcado en una contradicción sobredeterminada,
¿qué podemos esperar de la gestión como tal? ¿cuál será su horizonte?
Avanzando hacia las propuestas políticas, al
parecer las condiciones establecidas han logrado que, casi siempre, el electorado
defina su voto con mínima o nada de información, es decir que muy pocas veces
se conocen, realmente, las propuestas de cada candidatura y más bien, entre
otros motivos, se apela a una lógica, casi, caudillista, de elegir según la
persona candidata. Afortunadamente, tenemos algunos días para poder conocer las
propuestas presentadas ante el Tribunal Departamental Electoral (TED) Potosí (https://potosi.oep.org.bo/procesos-electorales-y-consultas/democracia-representativa/elecciones-subnacionales/elecciones-subnacionales-2026/)
y poder emitir un voto informado y consciente. Pese a este reparo, aun queda el
cuestionamiento a las propuestas electorales, que en la mayoría se transfiguran
de propuestas a promesas, con toda la carga demagógica que esta palabra tiene.
Respecto de los programas de gobierno, es
importante considerar la forma en que estos han sido construidos, ya que, en
muchos de los casos, representan a obras recurrentes y obligatorias que no se
pueden omitir en una gestión municipal (educación, salud). Por otra parte,
queda pendiente saber si se ha realizado un levantamiento de información
diagnóstica que identifique las principales necesidades, desde un nivel de
urgencia, como ser la calidad del agua que se consume. También encontramos
otras propuestas, al estilo de mega obras, que, partiendo del techo
presupuestario municipal, pueden ser proyecciones utópicas si solo se enmarcan
en los recursos con que cuenta el municipio. Entonces, algo estratégico para avanzar
en el análisis de las propuestas electorales, es que las/os candidatas/os
expliquen, no solo el qué sino, el cómo concretarán estas obras, solo así
podrán avanzar de la demagogia de las promesas a verdaderas propuestas de
gestión de gobierno municipal.
Entendiendo los aspectos adversos a la gestión municipal,
no podemos dejar de lado las limitaciones presupuestarias y la priorización de
obras, que en muchos casos dependen de un consenso entre distritos. Por otra
parte, también debemos indicar que, para lograr cambios significativos, cinco años
pueden quedar cortos por lo que la proyección debería ser en un mediano y largo
plazo, siempre considerando un plan estructural y continuado, más allá de quién
esté a la cabeza del municipio. Con este marco, podríamos mencionar algunos
aspectos sugerentes para considerarse en la gestión municipal:
- Identificación
y apuntalamiento de la vocación/matriz productiva municipal.
- Priorizar,
la potencialidad de, la identidad y la cultura chicheña, en todas sus etapas
hasta la actualidad, con una proyección más allá de la circunscripción
municipal y erradicando la folklorización de los últimos tiempos (incluye
políticas educativas para avanzar el fortalecimiento identitario desde
políticas públicas con enfoque intergeneracional).
- Avanzar
hacia un municipio agroecológico, considerando (cuestionando) seriamente el
aporte, o no, de la minería. Sabiendo las duras consecuencias que trae al medio
ambiente y, solo como ejemplo, a la contaminación del agua con sus daños
directos y colaterales.
- Trabajo
mancomunado con los municipios chicheños, para proyectar iniciativas
compartidas como ser, en el turismo, la ruta de la Nación Chichas; que además
incide en el fortalecimiento identitario, territorial y poblacional.
- Recuperación
de áreas verdes, al estilo de los parques urbanos si se trata de la ciudad, o
de la preservación de otros lugares turísticos, fundamentalmente el Eco-parque
encantado con todo el potencial que encierra.
- Preservación
y recuperación del, diezmado, patrimonio arqueológico, histórico y arquitectónico
que queda, como memoria tangible de lo que fue Tupiza (urbe) y sus comunidades.
Seguramente, estos, y otros planteamientos, se
encuentran presentes en las propuestas de las/os candidatas/os a la alcaldía.
No obstante, es fundamental tener la proyección de municipio que estructure los
criterios y obras a realizar. Las gestiones y obras parche, deben avanzar hacia
un proyecto de municipio en un largo plazo, bajo lógicas de planificación
global, atendiendo necesidades urgentes, pero sin dejar de lado el horizonte al
que queremos avanzar, teniendo presente, también, las demandas históricas como
la departamentalización de los pueblos del sur, que, bajo el contexto actual,
se replantea y cobra vigencia en la reconstitución y autonomía de la Nación
Chichas.