lunes, 6 de julio de 2026

LA CHICHEÑIDAD CONTRA EL REDUCCIONISMO


Del libro "Reformas constitucionales" de Rodolfo Becerra.

Resulta reiterativo, pero necesario, hacer un repaso de lo que representa la Nación Chichas, ya sea en términos históricos, territoriales, culturales e identitarios, principalmente. Así, debemos retomar el antecedente fundamental del alcance territorial de Chichas, que según diferentes investigaciones abarcó, principalmente, las actuales provincias de Nor Chichas, Sud Chichas y Modesto Omiste, en el departamento de Potosí, alcanzando, además, hasta Tarija. Incluso, más allá de los límites nacionales, el territorio chicheño se prolongó hasta la actual provincia de Jujuy, en la Argentina, y la región atacameña en Chile. Con este simple repaso, podemos decir que el denominativo de Chichas se aplica a todas las localidades circunscritas en estos espacios. Lamentablemente, sobre todo con el ingreso del periodo republicano y el advenimiento de los nuevos países, el territorio ancestral se fue secesionando, primero entre tres países diferentes y luego en cinco municipios bolivianos, lo cual terminó afectándonos, no solo espacialmente, sino cultural, identitaria y poblacionalmente. Entonces, además de considerar esta situación divisoria de la Nación Chichas, es importante apelar a la categoría semántica que representa, ya sea Chichas, chicheña/o, chicheñidad, que, con lo antecedido, tiene una amplia representatividad de hecho, más allá de aspectos subjetivos contemporáneos.

Bajo estos antecedentes, es importante analizar el manejo (e, incluso, instrumentalización) que se hace de estos términos en diferentes espacios, donde con mucha ligereza se apela a lo chicheño como bandera de representatividad, que contradictoriamente incurre en un reduccionismo, a un espacio local reducido que es, sobre todo, Tupiza. Así, en los últimos años se ha dado un proceso de “apropiación” de la condición de ser chicheño, asumido como una especie de sinonimia de tupiceña/o, lo cual automáticamente arrebata a otras localidades chicheñas de esta acepción. En este marco, lo más llamativo es que instancias institucionales asumen esta posición, incluyendo, sin reparo, la categoría chicheña en sus denominativos, aunque no necesariamente tengan la representatividad de todo lo que significan los chichas, más allá de un reducido espacio local o municipal.

Al respecto, podemos identificar instancias del Comité Cívico de Desarrollo y Progreso de los Chichas, que en su nombre incluye la palabra Chichas, pero circunscribe su accionar en Tupiza, y más aún solo en el área urbana del municipio. Como se observa, esta institución, creada en 1965, lleva consigo el espíritu de los anhelos chicheños como la autodeterminación, pero, lamentablemente, su alcance no supera un espacio local, bajo el riesgo de apropiación de la condición de chicheñidad en detrimento de los otros cuatro municipios pertenecientes al territorio ancestral. Con estos elementos, sería prudente un nuevo planteamiento de la institucionalidad cívica de Tupiza o, por el contrario, ampliar la representatividad real de esta instancia en un proceso de unificación con los cinco municipios chicheños, que entre sus principales proyecciones considere la reconstitución de la Nación Chichas y el avance hacia la autonomía como bandera histórica de toda la región sureña en búsqueda de la autodeterminación.

Por su parte, en instancias nacionales se encuentra Acción Nacional Chicheña, que hace varios años enfrenta una serie de críticas ante una falta de representatividad de los pueblos chicheños, pese a llevar en su nombre la categoría de Chicheña. Así, se observa que durante varias gestiones existe un monopolio de su dirección que se encuentra, permanentemente, en manos de residentes de Tupiza, sin que se logre una representación plural, como mandan sus estatutos, con presencia, dentro de su directiva, de residentes de Atocha, Cotagaita, Vitichi y Villazón. Asimismo, dentro de su accionar se observa una atención específica, recurrente, a los intereses de un solo municipio, al igual que un seguimiento de su calendario festivo, incurriendo incluso en el reconocimiento de la falacia del 4 de junio como fundación de Tupiza. Así, este accionar se ha reducido a la conmemoración de fechas cívico-festivas, ante una debacle de proyecciones más estructurales que vayan en beneficio de toda la población chicheña, que el estatuto manda a cumplir.

En otro ámbito, la categoría de chicheño también ha diezmado su verdadera representatividad espacial y poblacional, esto en referencia a lo que se denomina como “carnaval chicheño”, que en el último tiempo ha sido mostrado y proyectado como una expresión cultural, solo, de Tupiza. No obstante, es conocido que la danza, al son de las anatas, es interpretada y realizada en lugares como Atocha, Cotagaita, Vitichi, Villazón e, incluso, el norte argentino, donde se realiza su práctica en las comunidades que mantienen aspectos característicos de esta fiesta, a diferencia de las ciudades donde la estilización ha cobrado, y aún cobra, factura. En una proyección fuera del espacio regional, el carnaval chicheño ha cobrado mayor vigencia en diferentes espacios nacionales donde personas no oriundas de los chichas han comenzado a bailar esta danza, en una situación de total despojo del carácter histórico, identitario y político que, por el contrario, siempre, debe estar presente para que esta expresión cultural mantenga toda su argumentación y sustento implícito de su práctica, asociada a la simbología, cosmovisión y el calendario agrícola que explica muchos de sus elementos. en este contexto, lamentablemente, la caja y el erke, también viene siendo minimizado, siendo que estos instrumentos podrían ser considerados más autóctonos de los chichas, pero ese es otro, extenso y complejo, tema para abordar en detalle.

Con lo manifestado, Chichas es más que una categoría o una palabra cosmética y utilitaria; lleva consigo todo un proceso histórico, cultural, identitario y político, entre muchos otros aspectos. Asimismo, es una estrategia de reintegración y reunificación de lo que fue el territorio ancestral de la Nación Chichas que, cuando se utiliza, debe ser la proyección de su verdadera significancia y representatividad. Las/os chichas con todo su bagaje están presentes en todas esas comunidades que se extienden por varios municipios y provincias, cruzando, incluso, fronteras internacionales donde esta herencia se mantiene a la espera de que podamos consolidar el proceso de reconstitución, junto a la autonomía como demanda histórica y permanente de este espacio. Dentro de las comunidades encontramos gran parte de la herencia ancestral, que, pese al paso de la historia, ha sobrevivido y repunta a la espera de un nuevo tiempo donde recuperemos la integración y valía de este pueblo.

lunes, 15 de junio de 2026

LA ACTUALIDAD DE LAS NPIOC*

 

Cuando recorremos los diferentes territorios del país, podemos encontrarnos en el reflejo de sus habitantes. Esta es una perspectiva cotidiana de la realidad poblacional en la que estamos inmersos donde 36 idiomas de la naciones y pueblos indígena originario campesinos (NPIOC), asumidos como naciones, fueron reconocidos dentro de la Constitución Política del Estado. Sin embargo, la realidad supera los datos del papel, donde ese número de 36 fue superado por otras naciones que emergen en procesos de reconstitución y reconocimiento, más allá de lo que establece la mirada oficial.

 El año 2025 trajo consigo una serie de aspectos relevantes donde las NPIOC se han visto interpeladas respecto de su relación con el bicentenario de la fundación republicana de Bolivia. Así, el cuestionamiento de que el Estado Plurinacional no forma parte de esta celebración y por tanto se debate el protagonismo de las NPIOC en este evento histórico del devenir (pluri)nacional. Como antecedente, se realizó la publicación de los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda donde se conoció que la población que se autoidentifica como parte de una NPIOC ha reducido desde el censo de 2012, cayendo del 41% al 38,7% para el 2024. No obstante, esto también es sujeto de debate, ya que la identidad se complejiza más allá de un criterio de autopercepción y se construye con varios elementos como la cultura, el idioma, el territorio, la autodeterminación y la historia colectiva, entre otros.

 Si bien, en los últimos años, y la consolidación de la plurinacionalidad como estructura estatal en Bolivia, se tuvieron avances importantes, principalmente, en derechos colectivos y territoriales, donde las NPIOC fueron pilares de esa construcción; aun quedan problemáticas sin resolver, las cuales no pierden su carácter estructural. A esta situación se suma un cambio en la mirada política del Estado, donde la representatividad de las NPIOC se ha visto altamente reducida, lo cual incide en la capacidad de coordinar y aportar en políticas públicas asumidas desde el Estado, en sus diferentes niveles de gobierno.

 Con lo mencionado, el bicentenario de Bolivia llegó con una parafernalia previa y, quizá, innecesaria, donde los problemas estructurales que conciernen a una gran parte de la población, a decir de las NPIOC, aun siguen pendientes con muy pocas perspectivas de ser resueltas y más bien con fuertes amenazas de un retroceso en las victorias logradas. El 2025, año del bicentenario, nos ha permitido dar continuidad al trabajo en los diferentes territorios del país, donde no llegan las luces y celebraciones. Ahí, donde las mujeres y hombres siguen sosteniendo aspecto claves del día a día, también de las ciudades, como la seguridad y soberanía alimentaria, produciendo alimentos que cubren la agrobiodiversidad de los diferentes pisos ecológicos a manera de subvención generalizada.

 Han pasado 200 años y las NPIOC siguen vigentes como antes de la república, desde la resistencia y las agendas propias. Es necesario que recuperemos estas formas de vida, con el respeto por la casa común y los medios de vida, como garantía de subsistencia para nuestra generación y las próximas. El sentido comunitario sigue vigente en estos espacios, pero debemos ampliar esta mirada para que podamos avanzar, en todos los entornos de vida donde cuidemos el bien común recuperando la sabiduría de nuestras y nuestros ancestros.

* Esta crónica fue publicada dentro de la Memoria informe anual de CIPCA 2025.


lunes, 1 de junio de 2026

NUEVA GESTIÓN, VIEJAS FALACIAS

 


En los albores del mes de junio, podría resultar muy ocioso volver a ingresar en un debate cansino y desgastado donde el argumento ha dejado de pesar en el sentido crítico. Sin embargo, es menester, por una responsabilidad con la historia, mantener vigente una crítica necesaria a la falacia del siglo XX que ha sostenido una especie de oscurantismo en Tupiza. Por su parte, desde una mirada decolonial, resulta prudente realizar un fuerte cuestionamiento a la lógica de sometimiento que se regodea respecto de una supuesta fundación colonial, como si ese hecho sería digno de un mínimo de orgullo, siendo que más bien representa el inicio de un proceso de sumisión y humillación, del, tan mentado, pueblo guerrero e indómito de los Chichas.

Corría el año 1968, durante el gobierno de René Barrientos Ortuño se promulga la Ley N° 433 del 11 de diciembre que crea el Comité Pro Cuarto Centenario de la Fundación de Tupiza, donde se establece una estructura amplia y compleja con participación de diferentes sectores. Sin embargo, ante el poco accionar de esta instancia, mediante Decreto Supremo 9792 del 30 de junio de 1970 que transfiere las funciones del Comité pro IV Centenario de Tupiza al Comité Cívico de Desarrollo y Progreso de los Chichas (COCIDEPRO Chichas). Así, habiendo superado estas situaciones, dentro del régimen dictatorial de Hugo Banzer Suarez, el año 1974 se crearía (inventaría) el 4 de junio como fecha de fundación de la milenaria Tupiza, en el intento de lograr algunas dádivas y favores del gobierno central y ante el advenimiento de los 400 años de fundación de Tarija (4 de julio de 1974), los cuales, como se conoce, ni siquiera fueron atendidos de la manera como se esperaba.

Como resultado de este aventurado experimento, falaz para la historia regional, se perdió uno de los reconocimientos de Tupiza como la ciudad colonial más antigua de la, actual, Bolivia que arrebató a la historia 39 años de antigüedad, perdiendo también este reconocimiento nacional para Tupiza. Con este antecedente, y disipando el denominativo de ser la ciudad más antigua de Bolivia fundada por la colonia, ahora estaríamos muy después de: Sucre (1538), Potosí (1545), La Paz (1548), Santa Cruz 1561 y Cochabamba 1571. No obstante, es importante considerar que el proceso colonial y el enaltecimiento de una fundación dentro de aquel régimen, significaría el sometimiento, con todas sus implicancias, frente a una estructura que solo trajo días oscuros de violencia contra los pueblos del Abya Yala, incluida la Nación Chichas. Por tanto, enmarcados en un nuevo tiempo, resulta prudente, además ante la inexistencia de cualquier certidumbre de la supuesta fundación, anular de una vez este hecho “fundacional”, poniendo en claro la existencia ancestral y milenaria de Tupiza como parte central de la Nación Chichas.

Por su parte, en búsqueda de la evidencia, haciendo una revisión hemerográfica, podemos constatar que antes de 1974 no existe ninguna mención al 4 de junio como la fecha de fundación de Tupiza. Solo días antes de esta oscura fecha es que aparecen algunas noticias respecto de la extraña celebración del cuarto centenario donde se esperaba tener un impulso en el desarrollo de la región, sin que eso fuera efectivizado en aquel tiempo, más allá de la visita del presidente Banzer y toda la parafernalia correspondiente, y un espacio de legitimización de un régimen altamente cuestionable y fuera de los márgenes democráticos que se vivían en el país. Con ese contexto, el mentado cuarto centenario pasó sin pena ni gloria, hecho que, incluso, sería lamentado por algunos de sus promotores al reconocer el error histórico que se había cometido en este proceso.

Ante este acontecer, se presentaron una serie de voces disonantes que cuestionaron, y cuestionan, la falacia del siglo XX dando a conocer diferentes argumentos que desmontaron, incluso, desde 1974 esta aberración histórica que afectaría a la historia de Tupiza y su presencia milenaria en este territorio. Entre algunas autoras y autores suscritos podemos mencionar a: Mario García: Mencionado en textos sobre la historia chicheña, apela a visiones míticas y ancestrales de la fundación (más allá de la narrativa colonial); se le cita junto a la corriente que considera el 4 de junio como un “mito”. Freddy Tarcaya Gallardo: Sociólogo e investigador tupiceño, forma parte de la nueva corriente que cuestiona la fecha oficial y prioriza la preexistencia del asentamiento chichas. Humberto Vacaflor Ganam (periodista e investigador tupiceño): Ha publicado directamente “Una mentira sobre Tupiza”, desmontando la narrativa de la fundación de 1574, es uno de los más claros en calificarla como falsedad histórica. Leonardo Vargas: Forma parte del grupo de autores contemporáneos que cuestionan la fecha oficial en el marco de la reconstitución de la Nación Chichas. Heberth Fernando Peredo-Banda: Poeta, músico, educador e investigador chicheño, en textos como “Aniversario” de la fundación de Tupiza: ¿4 de Junio?, argumenta que es una falacia sin pruebas, una construcción metafísica sin base documental, y que ignora la arqueología y etnohistoria Chichas. Alfredo Domínguez Romero (músico, poeta y pintor tupiceño): Sus obras y visiones "en tiempos míticos" se usan para reinterpretar la fundación más allá de la narrativa colonial española, vinculándola a raíces ancestrales chichas. Por su parte, si recurrimos a una de las fuentes más básicas y consultadas como Wikipedia, observamos que en esta página también se consigna a 1535 como la fundación de Tupiza.

Entonces, Si tratamos de buscar propuestas a esta situación, que problematiza el devenir del, actual, municipio de Tupiza, podemos retomar las conclusiones de una mesa redonda donde se abordó este tema y acordó que no existe ningún respaldo al 4 de junio como fecha de fundación de Tupiza. En este sentido, podríamos conservar el 4 de junio replanteándolo como el día de la tradición. Otra opción sería, igual de aventurada como fue su invención, declarar como fecha de fundación al 4 de junio, pero, del año 1535, así no perdemos el denominativo de ser la primera ciudad colonial de Bolivia. También podemos, basados en la carta orgánica que fue aprobada en detalle (2013) dentro de una cumbre social, anular directamente esta fecha y celebrar una gloria de la historia chicheña como fue la Batalla de Suipacha y tener la fiesta grande de Tupiza al 7 de noviembre de 1810, como se hace en todos los lugares que, con dignidad, conmemoran las fechas de emancipación y no de sometimiento. En este mismo sentido, el propio Alfredo Domínguez nos sugiere, en sus letras, una salida llena de sabiduría, magia y honestidad, cuando indica una creación milenaria hecha por los genios de la tierra en complicidad con el silbo del Wichico.

Con todos estos antecedentes, la nueva gestión municipal tiene en sus manos erradicar la falacia del siglo XX y rectificar la historia de Tupiza, como una de las principales ciudades del, ancestral, territorio de la Nación Chichas. Ha pasado el bicentenario de Bolivia y no se puede mantener a la población tupiceña envuelta en una mentira que emergió hace algunas décadas atrás por iniciativa de un grupo de personas que, por diferentes motivos, terminaron haciendo un gran daño al devenir de un pueblo ancestral e indómito. El rigor histórico debe encontrar un punto de equilibrio con la tradición y la costumbre por lo que, lamentablemente, este tema seguirá presente en el tiempo como elemento reivindicativo de nuestros pueblos y, principalmente, por un respeto ineludible de su tradición histórica.


miércoles, 20 de mayo de 2026

LA GUERRA DEL CHACO MIRADA DESDE EL SUR


En el marco de la 2da Feria Internacional del Libro, realizada en la ciudad de El Alto, se llevó adelante la presentación de libro “El sur y la Guerra del Chaco” de la autora chicheña Maria Elena Chambi Cáceres. Dentro del evento previsto se contó, también, con el marco musical de la agrupación Raíces del Pago Chicheño que interpretaron la música de los pueblos sureños (Villazón, Atocha, Tupiza, Cotagaita y Vitichi) al son de la anata, caja y erke. Asimismo, se tuvo la participación del sociólogo investigador, Augusto Yañez Vargas, quien realizó un comentario al libro desde una mirada regional de la Nación Chichas.

La Guerra del Chaco fue un hecho histórico que marcó un quiebre en el devenir de la república, siendo el espacio donde se cimentaría la conciencia nacional boliviana, donde las trincheras se constituyeron en espacios de encuentro y reencuentro de los combatientes, como parte de un mismo territorio, bajo la lógica de los estados nacionales. Años después, como consecuencia, entre otras, de este evento bélico, se llevaría adelante la, denominada, revolución nacional donde se potenciaría el protagonismo de sectores campesinos, obreros y populares como actores políticos de esta insurgencia y que el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR) capitalizaría para hacerse del poder. Así fue que la Guerra del Chaco motivó una serie de investigaciones y publicaciones y que en esta ocasión tiene un aporte desde la mirada del sur, es decir desde territorio chicheño.



El libro “El sur y a guerra del Chaco” está centrado en una investigación realizada por su autora, Maria Elena Chambi Cáceres, vinculando el acontecer de, la nobel, localidad de Villazón (fundada en 1910), todavía a inicios del siglo XX y que tuvo que acoger diferentes hechos vinculados a la guerra del Chaco. En ese tiempo, también habían ocurrido sucesos previos al conflicto armado como ser la llegada del ferrocarril Atocha-Villazón en el primer centenario de Bolivia, 1925, lo cual repercutió en gran manera para impulsar la integración y crecimiento de la población fronteriza. Por su parte, la presencia, en la región de personajes potentados de la minería y las haciendas, donde destacan los barones del estaño (Patiño, Aramayo y Hochschild), los cuales tenían mucha influencia en las políticas de desarrollo en esta parte del país (incluida la viabilización del ferrocarril), a la cabeza de empresas mineras como Oploca, o Chorolque, entre muchas otras.

En referencia al periodo de la guerra como tal, la autora identifica varios elementos sugerentes sobre los hechos vinculados al conflicto bélico. Podemos hacer mención, primero, de la presencia de espionaje entre La Quiaca y Villazón, donde se destaca a una mujer cruceña quien se encargaría de filtrar información en lo que se denominó como operación Rosita. Por su parte, otro aporte dentro de la publicación, es el rol que cumplieron las mujeres dentro de este periodo histórico, donde comenzaron a asumir un papel productivo, junto a trabajadores menores de 17 años, ante la ausencia de hombres trabajadores, quienes se encontraban en las trincheras. Esta situación también definió el ingreso de las mujeres al ámbito público y una modificación de los roles de género tradicionales, donde la intervención de las Hijas de Santa Ana tuvieron una función importante mediante el desarrollo de capacitaciones en diferentes áreas, constituyendo organizaciones como la Comisión Especial de Damas, quienes fundaron el hospital de Villazón.

Con lo antecedido, la obra de Maria Elena Chambi Cáceres, se presenta como un importante aporte a un periodo vacío de la historia regional de los Chichas, a decir de la Guerra del Chaco y todas sus implicancias. Dentro de la lectura encontramos muchos otros elementos que resultan ser novedosos para la bibliografía chicheña y que permiten ampliar las miradas en el devenir de los pueblos sureños, esta vez desde la historia militar y todas sus connotaciones sociales. Entonces, aquí encontramos elementos que ayudan en la comprensión del aporte estratégico de este espacio fronterizo durante este periodo histórico, que además nos permite entender el, posterior, crecimiento demográfico que ha posicionado, en la actualidad, a Villazón como la segunda ciudad más poblada del departamento de Potosí, junto a toda la importancia que tiene para el territorio, identidad y cultura de la Nación Chichas y todas sus comunidades.