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| Del libro "Reformas constitucionales" de Rodolfo Becerra. |
Resulta reiterativo, pero
necesario, hacer un repaso de lo que representa la Nación Chichas, ya sea en
términos históricos, territoriales, culturales e identitarios, principalmente.
Así, debemos retomar el antecedente fundamental del alcance territorial de
Chichas, que según diferentes investigaciones abarcó, principalmente, las
actuales provincias de Nor Chichas, Sud Chichas y Modesto Omiste, en el
departamento de Potosí, alcanzando, además, hasta Tarija. Incluso, más allá de
los límites nacionales, el territorio chicheño se prolongó hasta la actual
provincia de Jujuy, en la Argentina, y la región atacameña en Chile. Con este
simple repaso, podemos decir que el denominativo de Chichas se aplica a todas
las localidades circunscritas en estos espacios. Lamentablemente, sobre todo
con el ingreso del periodo republicano y el advenimiento de los nuevos países,
el territorio ancestral se fue secesionando, primero entre tres países
diferentes y luego en cinco municipios bolivianos, lo cual terminó
afectándonos, no solo espacialmente, sino cultural, identitaria y
poblacionalmente. Entonces, además de considerar esta situación divisoria de la
Nación Chichas, es importante apelar a la categoría semántica que representa,
ya sea Chichas, chicheña/o, chicheñidad, que, con lo antecedido, tiene una
amplia representatividad de hecho, más allá de aspectos subjetivos
contemporáneos.
Bajo estos antecedentes, es
importante analizar el manejo (e, incluso, instrumentalización) que se hace de
estos términos en diferentes espacios, donde con mucha ligereza se apela a lo
chicheño como bandera de representatividad, que contradictoriamente incurre en
un reduccionismo, a un espacio local reducido que es, sobre todo, Tupiza. Así,
en los últimos años se ha dado un proceso de “apropiación” de la condición de
ser chicheño, asumido como una especie de sinonimia de tupiceña/o, lo cual
automáticamente arrebata a otras localidades chicheñas de esta acepción. En
este marco, lo más llamativo es que instancias institucionales asumen esta
posición, incluyendo, sin reparo, la categoría chicheña en sus
denominativos, aunque no necesariamente tengan la representatividad de todo lo
que significan los chichas, más allá de un reducido espacio local o municipal.
Al respecto, podemos
identificar instancias del Comité Cívico de Desarrollo y Progreso de los
Chichas, que en su nombre incluye la palabra Chichas, pero circunscribe su
accionar en Tupiza, y más aún solo en el área urbana del municipio. Como se
observa, esta institución, creada en 1965, lleva consigo el espíritu de los
anhelos chicheños como la autodeterminación, pero, lamentablemente, su alcance
no supera un espacio local, bajo el riesgo de apropiación de la condición de
chicheñidad en detrimento de los otros cuatro municipios pertenecientes al territorio
ancestral. Con estos elementos, sería prudente un nuevo planteamiento de
la institucionalidad cívica de Tupiza o, por el contrario, ampliar la
representatividad real de esta instancia en un proceso de unificación con los
cinco municipios chicheños, que entre sus principales proyecciones considere la
reconstitución de la Nación Chichas y el avance hacia la autonomía como bandera
histórica de toda la región sureña en búsqueda de la autodeterminación.
Por su parte, en instancias
nacionales se encuentra Acción Nacional Chicheña, que hace varios años enfrenta
una serie de críticas ante una falta de representatividad de los pueblos
chicheños, pese a llevar en su nombre la categoría de Chicheña. Así, se
observa que durante varias gestiones existe un monopolio de su dirección que se
encuentra, permanentemente, en manos de residentes de Tupiza, sin que se logre
una representación plural, como mandan sus estatutos, con presencia, dentro de
su directiva, de residentes de Atocha, Cotagaita, Vitichi y Villazón. Asimismo,
dentro de su accionar se observa una atención específica, recurrente, a los
intereses de un solo municipio, al igual que un seguimiento de su calendario
festivo, incurriendo incluso en el reconocimiento de la falacia del 4 de junio
como fundación de Tupiza. Así, este accionar se ha reducido a la conmemoración
de fechas cívico-festivas, ante una debacle de proyecciones más estructurales
que vayan en beneficio de toda la población chicheña, que el estatuto manda a
cumplir.
En otro ámbito, la
categoría de chicheño también ha diezmado su verdadera representatividad
espacial y poblacional, esto en referencia a lo que se denomina como “carnaval chicheño”, que en el último tiempo ha sido mostrado y proyectado como una expresión
cultural, solo, de Tupiza. No obstante, es conocido que la danza, al son de las
anatas, es interpretada y realizada en lugares como Atocha, Cotagaita, Vitichi,
Villazón e, incluso, el norte argentino, donde se realiza su práctica en las
comunidades que mantienen aspectos característicos de esta fiesta, a diferencia
de las ciudades donde la estilización ha cobrado, y aún cobra, factura. En una
proyección fuera del espacio regional, el carnaval chicheño ha cobrado mayor
vigencia en diferentes espacios nacionales donde personas no oriundas de los
chichas han comenzado a bailar esta danza, en una situación de total despojo
del carácter histórico, identitario y político que, por el contrario, siempre,
debe estar presente para que esta expresión cultural mantenga toda su
argumentación y sustento implícito de su práctica, asociada a la simbología,
cosmovisión y el calendario agrícola que explica muchos de sus elementos. en este contexto, lamentablemente, la caja y el erke, también viene siendo minimizado, siendo que estos instrumentos podrían ser considerados más autóctonos de los chichas, pero ese es otro, extenso y complejo, tema para abordar en detalle.
Con lo manifestado, Chichas es más que una categoría o una
palabra cosmética y utilitaria; lleva consigo todo un proceso histórico, cultural, identitario y
político, entre muchos otros aspectos. Asimismo, es una estrategia de
reintegración y reunificación de lo que fue el territorio ancestral de la
Nación Chichas que, cuando se utiliza, debe ser la proyección de su verdadera
significancia y representatividad. Las/os chichas con todo su bagaje están
presentes en todas esas comunidades que se extienden por varios municipios y
provincias, cruzando, incluso, fronteras internacionales donde esta herencia se
mantiene a la espera de que podamos consolidar el proceso de reconstitución,
junto a la autonomía como demanda histórica y permanente de este espacio.
Dentro de las comunidades encontramos gran parte de la herencia ancestral, que,
pese al paso de la historia, ha sobrevivido y repunta a la espera de un nuevo
tiempo donde recuperemos la integración y valía de este pueblo.