
En los albores del mes de junio, podría resultar
muy ocioso volver a ingresar en un debate cansino y desgastado donde el
argumento ha dejado de pesar en el sentido crítico. Sin embargo, es menester,
por una responsabilidad con la historia, mantener vigente una crítica necesaria
a la falacia del siglo XX que ha sostenido una especie de oscurantismo en
Tupiza. Por su parte, desde una mirada decolonial, resulta prudente realizar un
fuerte cuestionamiento a la lógica de sometimiento que se regodea respecto de
una supuesta fundación colonial, como si ese hecho sería digno de un mínimo de
orgullo, siendo que más bien representa el inicio de un proceso de sumisión y humillación,
del, tan mentado, pueblo guerrero e indómito de los Chichas.
Corría el año 1968, durante el gobierno de René
Barrientos Ortuño se promulga la Ley N° 433 del 11 de diciembre que crea el
Comité Pro Cuarto Centenario de la Fundación de Tupiza, donde se establece una
estructura amplia y compleja con participación de diferentes sectores. Sin
embargo, ante el poco accionar de esta instancia, mediante Decreto Supremo 9792
del 30 de junio de 1970 que transfiere las funciones del Comité pro IV Centenario
de Tupiza al Comité Cívico de Desarrollo y Progreso de los Chichas (COCIDEPRO
Chichas). Así, habiendo superado estas situaciones, dentro del régimen
dictatorial de Hugo Banzer Suarez, el año 1974 se crearía (inventaría) el 4 de
junio como fecha de fundación de la milenaria Tupiza, en el intento de lograr
algunas dádivas y favores del gobierno central y ante el advenimiento de los
400 años de fundación de Tarija (4 de julio de 1974), los cuales, como se
conoce, ni siquiera fueron atendidos de la manera como se esperaba.
Como resultado de este aventurado experimento,
falaz para la historia regional, se perdió uno de los reconocimientos de Tupiza
como la ciudad colonial más antigua de la, actual, Bolivia que arrebató a la
historia 39 años de antigüedad, perdiendo también este reconocimiento nacional
para Tupiza. Con este antecedente, y disipando el denominativo de ser la ciudad
más antigua de Bolivia fundada por la colonia, ahora estaríamos muy después de:
Sucre (1538), Potosí (1545), La Paz (1548), Santa Cruz 1561 y Cochabamba 1571. No
obstante, es importante considerar que el proceso colonial y el enaltecimiento
de una fundación dentro de aquel régimen, significaría el sometimiento, con
todas sus implicancias, frente a una estructura que solo trajo días oscuros de
violencia contra los pueblos del Abya Yala, incluida la Nación Chichas. Por
tanto, enmarcados en un nuevo tiempo, resulta prudente, además ante la
inexistencia de cualquier certidumbre de la supuesta fundación, anular de una
vez este hecho “fundacional”, poniendo en claro la existencia ancestral y
milenaria de Tupiza como parte central de la Nación Chichas.
Por su parte, en búsqueda de la evidencia, haciendo
una revisión hemerográfica, podemos constatar que antes de 1974 no existe
ninguna mención al 4 de junio como la fecha de fundación de Tupiza. Solo días
antes de esta oscura fecha es que aparecen algunas noticias respecto de la
extraña celebración del cuarto centenario donde se esperaba tener un impulso en
el desarrollo de la región, sin que eso fuera efectivizado en aquel tiempo, más
allá de la visita del presidente Banzer y toda la parafernalia correspondiente,
y un espacio de legitimización de un régimen altamente cuestionable y fuera de
los márgenes democráticos que se vivían en el país. Con ese contexto, el
mentado cuarto centenario pasó sin pena ni gloria, hecho que, incluso, sería
lamentado por algunos de sus promotores al reconocer el error histórico que se
había cometido en este proceso.
Ante este acontecer, se presentaron una serie de
voces disonantes que cuestionaron, y cuestionan, la falacia del siglo XX dando
a conocer diferentes argumentos que desmontaron, incluso, desde 1974 esta
aberración histórica que afectaría a la historia de Tupiza y su presencia
milenaria en este territorio. Entre algunas autoras y autores suscritos podemos
mencionar a: Mario García: Mencionado en textos sobre la historia chicheña, apela
a visiones míticas y ancestrales de la fundación (más allá de la narrativa
colonial); se le cita junto a la corriente que considera el 4 de junio como un
“mito”. Freddy Tarcaya Gallardo: Sociólogo e investigador tupiceño, forma parte
de la nueva corriente que cuestiona la fecha oficial y prioriza la
preexistencia del asentamiento chichas. Humberto Vacaflor Ganam (periodista e
investigador tupiceño): Ha publicado directamente “Una mentira sobre Tupiza”,
desmontando la narrativa de la fundación de 1574, es uno de los más claros en
calificarla como falsedad histórica. Leonardo Vargas: Forma parte del grupo de
autores contemporáneos que cuestionan la fecha oficial en el marco de la
reconstitución de la Nación Chichas. Heberth Fernando Peredo-Banda: Poeta,
músico, educador e investigador chicheño, en textos como “Aniversario” de la
fundación de Tupiza: ¿4 de Junio?, argumenta que es una falacia sin pruebas,
una construcción metafísica sin base documental, y que ignora la arqueología y
etnohistoria Chichas. Alfredo Domínguez Romero (músico, poeta y pintor
tupiceño): Sus obras y visiones "en tiempos míticos" se usan para reinterpretar
la fundación más allá de la narrativa colonial española, vinculándola a raíces
ancestrales chichas. Por su parte, si recurrimos a una de las fuentes más
básicas y consultadas como Wikipedia, observamos que en esta página también se
consigna a 1535 como la fundación de Tupiza.
Entonces, Si tratamos de buscar propuestas a esta
situación, que problematiza el devenir del, actual, municipio de Tupiza,
podemos retomar las conclusiones de una mesa redonda donde se abordó este tema
y acordó que no existe ningún respaldo al 4 de junio como fecha de fundación de
Tupiza. En este sentido, podríamos conservar el 4 de junio replanteándolo como
el día de la tradición. Otra opción sería, igual de aventurada como fue su
invención, declarar como fecha de fundación al 4 de junio, pero, del año 1535,
así no perdemos el denominativo de ser la primera ciudad colonial de Bolivia.
También podemos, basados en la carta orgánica que fue aprobada en detalle
(2013) dentro de una cumbre social, anular directamente esta fecha y celebrar
una gloria de la historia chicheña como fue la Batalla de Suipacha y tener la
fiesta grande de Tupiza al 7 de noviembre de 1810, como se hace en todos los
lugares que, con dignidad, conmemoran las fechas de emancipación y no de
sometimiento. En este mismo sentido, el propio Alfredo Domínguez nos sugiere,
en sus letras, una salida llena de sabiduría, magia y honestidad, cuando indica
una creación milenaria hecha por los genios de la tierra en complicidad con el
silbo del Wichico.
Con todos estos antecedentes, la nueva gestión
municipal tiene en sus manos erradicar la falacia del siglo XX y rectificar la
historia de Tupiza, como una de las principales ciudades del, ancestral,
territorio de la Nación Chichas. Ha pasado el bicentenario de Bolivia y no se
puede mantener a la población tupiceña envuelta en una mentira que emergió hace
algunas décadas atrás por iniciativa de un grupo de personas que, por
diferentes motivos, terminaron haciendo un gran daño al devenir de un pueblo
ancestral e indómito. El rigor histórico debe encontrar un punto de equilibrio
con la tradición y la costumbre por lo que, lamentablemente, este tema seguirá
presente en el tiempo como elemento reivindicativo de nuestros pueblos y,
principalmente, por un respeto ineludible de su tradición histórica.