Cuando recorremos los diferentes territorios del
país, podemos encontrarnos en el reflejo de sus habitantes. Esta es una
perspectiva cotidiana de la realidad poblacional en la que estamos inmersos
donde 36 idiomas de la naciones y pueblos indígena originario campesinos
(NPIOC), asumidos como naciones, fueron reconocidos dentro de la Constitución
Política del Estado. Sin embargo, la realidad supera los datos del papel, donde
ese número de 36 fue superado por otras naciones que emergen en procesos de
reconstitución y reconocimiento, más allá de lo que establece la mirada
oficial.
El año 2025 trajo consigo una serie de aspectos
relevantes donde las NPIOC se han visto interpeladas respecto de su relación
con el bicentenario de la fundación republicana de Bolivia. Así, el
cuestionamiento de que el Estado Plurinacional no forma parte de esta
celebración y por tanto se debate el protagonismo de las NPIOC en este evento
histórico del devenir (pluri)nacional. Como antecedente, se realizó la
publicación de los resultados del Censo Nacional de Población y Vivienda donde
se conoció que la población que se autoidentifica como parte de una NPIOC ha
reducido desde el censo de 2012, cayendo del 41% al 38,7% para el 2024. No
obstante, esto también es sujeto de debate, ya que la identidad se complejiza
más allá de un criterio de autopercepción y se construye con varios elementos
como la cultura, el idioma, el territorio, la autodeterminación y la historia
colectiva, entre otros.
Si bien, en los últimos años, y la consolidación
de la plurinacionalidad como estructura estatal en Bolivia, se tuvieron avances
importantes, principalmente, en derechos colectivos y territoriales, donde las
NPIOC fueron pilares de esa construcción; aun quedan problemáticas sin
resolver, las cuales no pierden su carácter estructural. A esta situación se
suma un cambio en la mirada política del Estado, donde la representatividad de
las NPIOC se ha visto altamente reducida, lo cual incide en la capacidad de
coordinar y aportar en políticas públicas asumidas desde el Estado, en sus
diferentes niveles de gobierno.
Con lo mencionado, el bicentenario de Bolivia
llegó con una parafernalia previa y, quizá, innecesaria, donde los problemas
estructurales que conciernen a una gran parte de la población, a decir de las
NPIOC, aun siguen pendientes con muy pocas perspectivas de ser resueltas y más
bien con fuertes amenazas de un retroceso en las victorias logradas. El 2025,
año del bicentenario, nos ha permitido dar continuidad al trabajo en los
diferentes territorios del país, donde no llegan las luces y celebraciones. Ahí,
donde las mujeres y hombres siguen sosteniendo aspecto claves del día a día,
también de las ciudades, como la seguridad y soberanía alimentaria, produciendo
alimentos que cubren la agrobiodiversidad de los diferentes pisos ecológicos a
manera de subvención generalizada.
Han pasado 200 años y las NPIOC siguen vigentes
como antes de la república, desde la resistencia y las agendas propias. Es
necesario que recuperemos estas formas de vida, con el respeto por la casa
común y los medios de vida, como garantía de subsistencia para nuestra
generación y las próximas. El sentido comunitario sigue vigente en estos
espacios, pero debemos ampliar esta mirada para que podamos avanzar, en todos
los entornos de vida donde cuidemos el bien común recuperando la sabiduría de
nuestras y nuestros ancestros.
* Esta crónica fue publicada dentro de la Memoria informe anual de CIPCA 2025.
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