lunes, 10 de agosto de 2026

AGOSTO PARA LOS PUEBLOS

 

En varios países de Indoamérica, el mes de agosto viene cargado de una de las celebraciones rituales más importantes del calendario agrícola. Agosto es el reencuentro y reconocimiento de Pachamama, quien nos permite contar con la productividad en equilibrio y garantizar aspectos determinantes como la seguridad y soberanía alimentaria. Así, durante todo el octavo mes del año, en las comunidades urbanas, y principalmente, rurales se lleva adelante una serie de celebraciones y homenajes a la madre tierra, donde se brindan ofrendas de alimento y fertilidad como una retribución y agradecimiento por los dones de vida que nos brinda permanentemente. Entonces, encontramos lugares sagrados, denominados mojones, apachetas o wak’as, donde se llevan adelante los actos rituales como la corpachada donde se alimenta a la tierra con una serie de elemento simbólicos de fertilidad y fiesta en preparación para el ingreso del tiempo húmedo y la realización de la siembra o el wake. Las celebraciones de agosto, demarcan un tiempo bisagra entre el tiempo seco, que va terminando, y el tiempo húmedo que viene cargado de fertilidad en la tierra y que, también demarca la llegada de la primavera, con toda su carga simbólica.

No obstante, en Bolivia, durante este mes, también tenemos otras fechas sugerentes que podríamos considerar. Primero, se tiene el 2 de agosto, creado como el “Día del indio”, que nos remonta al 2 de agosto de 1937, cuando fue establecido por decreto del presidente Germán Busch para honrar a la población rural, conmemorando la fundación de la escuela de Warisata y la muerte del líder Juan Huallparrimachi. Esta fecha, posteriormente, fue antecedente para llevar adelante políticas como la firma del decreto supremo de la Reforma Agraria, en 1953, denominando el “Día del Campesino”. El año 2007, se promulga el Decreto Supremo No. 29216 que cambia el denominativo por “Día de la Revolución Agraria”. Esto último como un reconocimiento del aporte de la población rural, indígena y campesina, a la sostenibilidad de la producción agrícola además del tiempo en el que se había posicionado a la población indígena y campesina como central para la construcción del Estado y de las políticas públicas, lo cual decantó en la constitución del Estado Plurinacional y todas sus implicancias el año 2009 con la promulgación de una nueva Constitución Política.

 Por su parte, el 6 de agosto, Bolivia recuerda su independencia y fundación como una nueva república, ocurrida en 1825. No obstante, habiendo superado los 200 años, aun se discuten varios aspectos desde una mirada de revisita a esta fecha emblemática para nuestro país. Primero está el hecho de que este momento, solo, representó la emancipación para los sectores de elite dejando de lado a las grandes mayorías poblacionales, a decir de mujeres y pueblos originarios, pese a su aporte fundamental al proceso independentista en la guerra de los 15 años. Así, hablamos del advenimiento del colonialismo interno que, posiblemente, sigue vigente hasta la actualidad. Con este marco, incluso antes de la independencia, ocurrió de forma permanente la búsqueda de autodeterminación de los pueblos en diferentes momentos de la historia republicana (Guerra Federal, Revolución Nacional, Proceso de Cambio). Una lucha histórica que aún está latente y encontró su mayor avance en torno a la nueva constitución política y el Estado Plurinacional.

 Si consideramos estos tres elementos planteados en torno al mes de agosto, podemos notar que existe una constante, la población originaria que constitucionalmente se denomina como Naciones y Pueblos Indígena Originario Campesina (NPIOC). Observamos que, hasta nuestros días y pese a todos los procesos de intento de abolición y sometimiento, aún pervive el respeto y reconocimiento a deidades ancestrales, celebración de prácticas religiosas, relacionamiento holístico integral y planteamientos sociopolíticos alternativos al modelo de Estado o de desarrollo que emergen desde las comunidades. La vigencia de las NPIOC viene cuestionando al statu quo colonial. Sin embargo, más allá de una propuesta de confrontación, hemos avanzado desde la filosofía de la complementariedad que permita replantear las estructuras de poder en base a un equilibrio, que, además de ser inclusivas, también signifiquen el respeto a la naturaleza en su conjunto, con una mirada integral.

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