En este sentido nos encontramos con un sector movilizado de manera homogénea y unida que se ha embanderado con la consigna contra las ocho horas de trabajo pero que aleatoria y progresivamente ha ido incrementando las demandas del sector a partir de sus diferentes actores, pertenecientes a subsectores. Así, nos vamos a topar con situaciones diferenciadas entre las condiciones laborales de estos subsectores y que pese a ello han logrado cubrirse bajo un mismo paragua. Entonces debemos diferenciar a lo que respecta a médicos, enfermeras (os), manuales y administrativos, principalmente; aunque se han ido escuchando, también, algunas voces de universitarios ligados a las carreras de salud, pero todavía en proceso de formación y a lo que corresponde otra arista de análisis. Desde esta diferenciación establecida hay que dejar muy en claro que las condiciones laborales y en cuanto a ingresos que percibe cada grupo hay un contraste marcado, dentro de la cual los médicos son los que tienen mayores beneficios por un ingreso que pueden recibir desde diferentes fuentes. Dentro de esto nos referimos a la atención como empleados de alguna institución de salud y por otra en los consultorios particulares en los que atienden a un número importante de pacientes, incluso mayor al de su trabajo público, logrando así una ganancia considerable por día.
En esta perspectiva, la lucha que se ha estructurado contra las ocho horas es más compleja y diferenciada de lo que parece por lo que su tratamiento debe ser asumido desde las facetas que presenta. Claro que entre éstas se deberá considerar la inclusión en la Ley general del trabajo, según lo amerite el caso. No obstante es reprochable que uno de los sectores trabajadores primordiales de la sociedad boliviana tome estas posiciones vulnerando y atentando contra uno de los derechos fundamentales de la población como es la salud en contraposición a intereses económicos egoístas. Desde el otro lado, para el gobierno esta es solo una de las caras del problema porque parece que todavía no se logra hacer realidad el acceso universal a la salud que viene promoviendo, lo cual supera el tema de los recursos humanos y tiene que ver con muchas otras falencias de la atención. Entonces, el movimiento del sector salud, contra las ocho horas de trabajo, parece no tener derroteros hacia una salida coherente y digna al conflicto, y más bien fortalece una obstinación posicionada lo cual en última instancia afecta solo a los pacientes que en el mejor de los casos pueden prolongar su espera hasta que se restituya la atención en los centros de salud. Pero entre las situaciones más complicadas se van aumentando las cifras que requieren atención inmediata y de calidad en una coyuntura en la cual los galenos vienen defraudando al juramento hipocrático y sumando, aun más, el número de negligencias médicas, esta vez colectivas.