lunes, 28 de septiembre de 2026

EL BONO DEMOGRÁFICO Y LAS JUVENTUDES RURALES EN BOLIVIA*

 


A manera de introducción

 En los albores del siglo XXI, en Bolivia comenzaba a escucharse y conocerse sobre una nueva categoría demográfica que se presentaba como urgente para ser entendida por todas sus implicancias. Nos referimos al bono demográfico que es un proceso poblacional vinculado a la transición demográfica que se presenta como un periodo de tiempo donde la población en edad de trabajar (PET) (entre los 14 y 64 años) es superior a la población dependiente. Esta situación se vincula a la transición demográfica que se trata de un periodo en el que ocurre una explosión demográfica debido a una reducción de la mortalidad y una permanencia alta de la natalidad. No obstante, avanzando en esta transición, la natalidad también empieza a bajar hasta que tanto la mortalidad y natalidad son muy bajos lo cual se va reflejando en el invierno demográfico y posterior envejecimiento poblacional.

 

 Gráfico 1. Etapas clásicas de la transición demográfica. 


FUENTE: Pollero 2020.

 

Entonces, en la etapa intermedia de esta transición demográfica es cuando ocurre el bono demográfico, en la parte más ancha del periodo. Así, Bolivia se encuentra en la etapa intermedia donde la fecundidad todavía supera el reemplazo[i] y conviven áreas urbanas con fecundidad baja y áreas rurales con fecundidad alta (UNFPA, 2026). Con esta información, observamos que los temas poblacionales están fuertemente vinculados a aspectos como el desarrollo donde, además, se incluyen el territorio, derechos, accesos, oportunidades y otros.

 Dentro de lo que corresponde a las etapas del gráfico 1, avanza este proceso hasta el envejecimiento poblacional, que en Bolivia se ha proyectado para el año 2040, aproximadamente. Así, cabe una previa puntualización conceptual que nos permita avanzar en esta reflexión. Primero que este tiempo en el que se da un importante porcentaje de población joven (Población en Edad de Trabajar - PET) se denomina acervo demográfico, que a partir de una serie de medidas gubernamentales y de políticas públicas debería convertirse en el, verdadero, Bono Demográfico (BD) que permita garantizar las mejores condiciones en un largo plazo, justamente, cuando el país ingrese fuertemente al envejecimiento poblacional. No obstante, hacia adelante se utilizará el término bono demográfico, con la salvedad anunciada.

 En base a este primer acercamiento, es importante considerar que la atención, o no, del bono demográfico es determinante para el devenir de una sociedad, prestando especial atención a los temas de estabilidad económica. Sin embargo, desde una perspectiva interseccional, se introducen otros elementos donde podemos mencionar el área de residencia, a decir del contexto rural, que ya demarca otro tipo de desigualdades y problemáticas, a diferencia de quienes viven en contexto urbano. Así, en el presente artículo presamos especial atención a las juventudes rurales vinculadas a este proceso poblacional-demográfico en curso.

 

Sobre las juventudes rurales[ii]

 A partir del Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) 2024, se conoce que Bolivia cuenta con 1.365.333 habitantes[iii], con un equilibrio entre mujeres y hombres que podemos cerrar en el 50%. A este dato general, es importante prestar atención a la denominada urbanización de la población en Bolivia (69% de la población vive en el área urbana, mientras que solo el 31% se mantiene en la rural), vinculada a procesos migratorios que expulsan habitantes desde comunidades, municipios rurales y municipios intermedios, principalmente, acrecentando a los espacios metropolitanos, donde se encuentran Santa Cruz, El Alto, La Paz y Cochabamba. Pero más allá del dato estadístico, por detrás, existen otros factores y estrategias poblacionales que deben ser analizadas, como ser la doble residencia[iv], referida a una dinámica poblacional de ida y vuelta sin dejar despoblada, permanentemente los espacios de origen rural.

 Al circunscribirnos en la población joven que reside en el área rural, esta representa al 17,6% del total rural y solo el 5,5% de la población total del territorio boliviano. No obstante, llevan consigo una serie de demandas y agendas que van posicionándose cada vez más, ante las problemáticas actuales y emergentes, como por ejemplo la crisis climática y la amenaza a los bienes comunes. Así, desde la experiencia de vida en territorio, resulta determinante romper los esquemas y miradas adultocéntricas y, más aún, androcéntricas, que han excluido de las decisiones a importantes sectores como las mujeres y jóvenes que ahora surgen con enfoques innovadores para afrontar las problemáticas comunes.

 Entonces, entre las situaciones adversas que enfrentan las juventudes rurales en la actualidad, podemos identificar:

     Demografía y migración

·         Distribución: Cerca del 72% de la juventud vive en zonas urbanas y el 28% en el área rural. La población rural general ha disminuido a cerca del 31% del total nacional.

·         Emigración: Existe una constante emigración del campo hacia las ciudades en busca de mejores oportunidades de estudio y trabajo, aunque no siempre es permanente.

     Educación y capacitación

·         Acceso universitario: Solo el 20% de jóvenes del área rural logran ingresar a la universidad en Bolivia.

·         Abandono escolar: El 36% de adolescentes en zonas rurales no termina la secundaria (frente al 13% en zonas urbanas).

·         Analfabetismo funcional: La tasa de analfabetismo funcional en el área rural alcanza al 14,2%, una cifra mucho mayor que en las ciudades.

     Empleo y economía

·         Vulnerabilidad laboral: La gran mayoría de jóvenes rurales trabaja en la economía informal o en actividades agropecuarias de subsistencia.

·         Cambio/crisis climática: Quienes se dedican a la producción agrícola enfrentan una alta vulnerabilidad ante eventos climáticos que afectan sus medios de vida.

 

Con esta información, nos enfrentamos a disyuntivas recurrentes entre la población joven en áreas rurales que pugnan entre afianzar su pertenencia y participación orgánica en espacios locales comunitarios o buscar oportunidades en otros espacios, a partir de procesos de emigración (o desde otra óptica, la expulsión de la comunidad de origen). Así, nuevamente apelamos al enfoque de interseccionalidad para mostrar que las juventudes rurales son afectadas por diversos tipos de desigualdades que ahondan su situación de vulnerabilidad y por tanto requiere una atención diferenciada[v].

 

 Del acervo al bono demográfico

 Con el breve análisis referido a la transición y su relación con el bono demográfico, debemos avanzar el análisis poblacional sobre la importancia de las juventudes[vi] en el proceso poblacional en el que nos encontramos. Así, un primer dato de importancia es que este bloque poblacional, en base a los datos del Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) 2024, representa el 65,6% del total, es decir es más de la mitad de las/os habitantes de Bolivia. En otras palabras, podríamos decir que la fuerza laboral con la que cuenta Bolivia, representa un total de 8.150.425 personas (Mujeres: 4.090.864 y Hombres: 4.059.561).

 

  Tabla 1. Población Económicamente Activa (PET), total Bolivia y rural 2024.

 

 

Mujeres

Hombres

Total

Bolivia (urbano-rural)

4.090.864

50,2%

4.059.561

49,8%

8.150.425

100%

Rural

1.089.182

46,9%

1.233.111

53,1%

2.322.293

100%


     Fuente: Elaboración propia en base a datos del CNPV 2024.

 

 Detrás de este dato general, debemos realizar un desglose de la población rural, lo que nos muestra que el 66% de habitantes del área rural se encuentran dentro de la PET, porcentaje similar al total Bolivia. No obstante, mas allá de esta información se deben considerar otros aspectos como ser la Población Económicamente Activa (PEA), es decir la que cuenta con una fuente laboral, donde en el contexto rural el 27% está inactiva (cesante o desempleada). Este dato se debe cruzar con la información de seguridad a largo plazo, vinculada al aporte para la jubilación o contar con un seguro de salud (además del Sistema Único de Salud - SUS).

 Estos elementos son los que nos permiten entender el empleo pleno, también entendido como digno, el que se distancia con otras formas como el subempleo o el informal, los cuales son, precisamente, los que no brindan una seguridad social y puede ampliar brechas de desigualdad alimentando a los círculos de pobreza y situación de vulnerabilidad a estas poblaciones. Como se observa, cuando incluimos un análisis interseccional, se puede ampliar el abordaje de las problemáticas vinculadas a los grupos poblacionales, para nuestro caso de contextos rurales. Es ahí donde se logra identificar, que pese a tenerse un 73 % de PEA en el área rural, esto no garantiza las condiciones necesarias, en relación a la consolidación de un bono demográfico.

 Partiendo de esta situación basada, solo, en criterios estadísticos, se puede constatar que las condiciones en entornos rurales, son adversas y amenazan a su población, donde se suman otras problemáticas a las/os jóvenes que se encuentran dentro de los territorios. Entonces podemos apelar a las organizaciones en las cuales se mantienen lógicas adultocéntricas que relegan a las/os jóvenes a cargos menores o, en el peor de los casos, a una exclusión de formar parte de las instancias de toma de decisión. Todo ello influye en el capital social de las comunidades que pueden verse afectadas, en un mediano plazo, a riesgos de emigración ante un debilitamiento de los tejidos sociales o sentimiento de otredad en el territorio.

 En este cometido, el paso del acervo demográfico hacia el bono, requiere de una serie de medidas promovidas, sobre todo, desde el Estado mediante la aplicación de políticas públicas que, como recomienda UNFPA (2026), promuevan invertir temprano y de manera focalizada. En este sentido, podemos considerar:

    1. Formalización laboral y combate al subempleo

·         Reducir la precariedad: Aunque el país reporta tasas bajas de desocupación, persiste un alto índice de subempleo e informalidad.

·         Cerrar la brecha de género: Impulsar la inserción laboral de las mujeres en sectores estratégicos, ya que su tasa de ocupación sigue más de 10 puntos por debajo de la de los hombres.


    2. Permanencia en el área rural

·         Frenar el despoblamiento agrario: El altiplano y los valles están perdiendo su “mano de obra calificada” debido a la emigración interna. Se deben financiar proyectos de agricultura familiar tecnificada que vuelvan atractivas las parcelas locales.

·         Incentivos regionales: Diseñar planes de desarrollo económico locales que usen los datos censales para retener e instalar capital joven en sus propias comunidades.

 

    3. Educación técnica avanzada e inversión social

·         Ajuste de carreras profesionales: Reformar las mallas curriculares de institutos técnicos y universidades para alinearlas con el potencial productivo local, priorizando la tecnología, las ciencias agrarias y la manufactura.

·         Inversión en la primera infancia y juventud: Garantizar un acceso a servicios de salud, educación y salud sexual reproductiva antes de que la población comience a envejecer.

 

Este tipo de medidas son planteadas desde una mirada universal, aunque siempre resulta prudente tener una propuesta contextualizada, sobre todo cuando se trata de poblaciones rurales, indígenas y campesinas, sumando, además, un enfoque de género e interseccional. Lo aquí presentado se aplica a la etapa intermedia en la que se encuentran países como Bolivia[vii], que progresivamente irá envejeciendo, pero aún se pueden realizar medidas necesarias.

 

 Los horizontes, abriendo brecha

 Cuando planteamos el bono demográfico como marco general de la situación de las juventudes rurales, es importante considerar las problemáticas presentadas, que varían de acuerdo a cada contexto y territorio. Considerando la desatención del Estado y la, casi, nula generación de políticas públicas que atiendan a las juventudes, en el marco del bono demográfico, desde el CIPCA se viene identificando y articulando las demandas que emergen desde los territorios. En este sentido podemos mencionar, como líneas a seguir, los siguientes temas de agenda:

    1. Participación política y liderazgo

  • Inclusión de candidaturas en elecciones.
  • Participación activa en organizaciones y espacios de decisión.
  • Elaboración de leyes municipales de juventud y formación de liderazgos.

     2. Empleo y emprendimiento

  • Producción agroecológica y diversificación productiva.
  • Acceso a créditos, capacitación y tecnologías.
  • Emprendimientos locales y oportunidades laborales dignas.

     3. Medio ambiente y cambio climático

  • Gestión del agua y protección de fuentes hídricas.
  • Forestación, reciclaje y defensa del territorio.
  • Agroecología y saberes ancestrales frente a la crisis climática.

 

Aunque los temas de agenda que las juventudes vienen priorizando en las comunidades tienen mucha relevancia para estas poblaciones, es importante lograr una incidencia hacia instancias de gobierno locales, regionales y nacionales, para que con estos mecanismos se logre generar medidas para aprovechar el bono demográfico. Con lo mencionado, prestar atención a la juventud rural será determinante, más allá del bono demográfico, para garantizar la seguridad y soberanía alimentaria reconociendo el fundamental aporte de la población indígena y campesina en el abastecimiento de alimentos para las ciudades[viii] y que permiten mantener una calidad de vida a partir de productos diversos y, mejor aún, agroecológicos u orgánicos.

  

*Publicado en CIPCA Bolivia


Bibliografía

Heredia, L. (coord.). (2016). Desdibujando fronteras: relaciones urbanas – rurales en Bolivia. CIPCA.

Instituto Nacional de Estadística (INE). (2025). Proyecciones de Población, Revisión 2025, en: https://www.ine.gob.bo/index.php/censos-y-proyecciones-de-poblacion-sociales/

Pollero, R. (2020). Transición demográfica. El proceso a nivel global y a nivel nacional, en: https://manualdemografia.cienciassociales.edu.uy/capitulo-5/

 Soliz L. y Fernández A. (2014). Jóvenes rurales. Una aproximación a su problemática y perspectivas en seis regiones de Bolivia. CIPCA.

 Tito C. y Wanderley F. (2021). Contribución de la agricultura familiar campesina indígena a la producción y consumo de alimentos en Bolivia. CIPCA.

 UNFPA. (2026). Análisis de la Situación de la Población (ASP) Regional. Resiliencia demográfica en América Latina y el Caribe. UNFPA

 

 Documentos consultados

 Constitución Política del Estado Plurinacional de Bolivia promulgada el 7 de febrero de 2009.

 Ley N° 342 “Ley de la Juventud” del 5 de febrero de 2013.



[i] La Tasa Global de Fecundidad (TGF) es el número promedio de hijas/os que nacerían de una mujer al final de su vida reproductiva si se cumplieran las condiciones de natalidad de un año determinado. No obstante, en el área rural esta tasa llega a 2,9, o cual no significa una gran variación en términos generales. Cn esa dinámica proyecta, es posible que se mantenga un crecimiento hasta el 2030, donde empezará el envejecimiento poblacional.

[ii] Aunque la categoría de joven tiene una definición respectiva, para el contexto rural esta varía, por lo que se debe marcar las diferencias necesarias. “Para considerar que una persona es ya joven, las comunidades toman en cuenta el referido conjunto de aspectos, combinados con la edad, temperamento, grado de responsabilidad, poder de decisión y características físicas y biológicas” (Soliz y Fernández, 2014, p. 57).

[iii] En base a proyecciones post-censales del Instituto Nacional de Estadística (INE) Bolivia, para el 2026 la población boliviana se encamina con un crecimiento anual de aproximadamente el 1.3%, acercándose paulatinamente a los 12 millones de habitantes.

[iv] Por otro lado, las fronteras entre ambos espacios se desdibujan debido a las estrategias diversas y combinadas de las actividades económicas y laborales de lo que ha dado en llamarse la pluriactividad. Lo mismo ocurre con el incremento del transporte, el acceso a las comunicaciones y, de forma particular, la conectividad virtual. Otro factor a destacar es el de las estrategias de vida indígenas y campesinas de doble o triple residencia, promoviendo períodos cíclicos de migración temporal entre uno y otro lugar de vivienda y trabajo (Heredia, 2016 p. 183).

[v] En Bolivia, existe la Ley N° 342 “Ley de la juventud” que tiene por objeto garantizar a las jóvenes y a los jóvenes el ejercicio pleno de sus derechos y deberes. Está dirigida a personas jóvenes de 16 a 28 años de todo el territorio boliviano. Es destacable que dicha norma, atiende de forma explícita a jóvenes rurales bajo los principios de plurinacionalidad y desarrollo productivo. Sin embargo, pese a la existencia de esta ley y otras instancias dirigidas a esta población, aun se tienen grandes brechas desatendidas para este grupo poblacional.

[vi] En el presente artículo se utilizará la categoría de jóvenes y/o juventudes en referencia a la Población en Edad de Trabajar (PET), aunque en términos demográficos la PET, en Bolivia, representa a los grupos etarios entre los 14 y 64 años.

[vii] Dentro de esta etapa también se encuentran Guatemala, Guyana, Guayana Francesa, Haití y Honduras; mientras que el resto de países de América Latina y El Cariba ya están en estadios más avanzados de la transición demográfica.

[viii] Los alimentos que las comunidades indígenas y campesinas generan para proveer a las ciudades llevan, incluso, una subvención que aún no se reconoce en las urbes y que amerita un debate necesario, que se evidencia en estudios como el cuaderno de investigación “Contribución de la agricultura familiar campesina indígena a la producción y consumo de alimentos en Bolivia” (2021).